En vista de que el sucesor del trono decidió poner fin a cinco décadas de “igualitarismo en la vida nacional” perdí lo último que se pierde, la esperanza de que en mi casa pudiéramos tener un teléfono. La única forma de tener una línea telefónica en Cuba, solicitada formalmente por mis padres hace más de treinta años a la compañía de teléfonos, es “resolviéndola” por la izquierda. Esta gestión significaba enviar $1,250 dólares para que una vez, mágicamente convertidos en 1,000 CUC, consigan quien les “tiré una línea por la izquierda”.
Llegue a la quimérica conclusión, menos complicación para ellos y más económico para mí, les envío un móvil. Actualmente activar la línea de un móvil en Cuba vale 40 CUC. De ahí se le ingresan tarjetas telefónicas por valor mínimo de 10 CUC. Pueden recibir llamadas y mensajes sin costo alguno. La tarifa para la operación contraria es un dólar por minuto o mensaje. Por lo menos podrán usarlo para recibir llamadas y mensajes de texto cada día.
Todo listo para realizar mi primera llamada a la familia, que está como niño con juguete nuevo, descubriendo la telefonía móvil en pleno 2009. “El número que usted ha marcado se encuentra apagado o fuera del área de cobertura”.
El mismo anuncio una y mil veces después de marcar los diez números asignados al aparato.
Recordé y comparé: en agosto pasado viajé a Cusco. Los amigos en Lima me prestaron un móvil para comunicarme. ¡En medio de Machu Picchu hay señal telefónica! ¡Debe ser el poderío del imperio inca!
Ya estaba a punto de colapsar cuando recibí un correo de mi hermano informándome que “debo registrar el número en la oficina comercial de Miami.”
-¿Qué oficina comercial es esa?
Lo había comprado en uno de esos paraísos del mal gusto así que decidí llamar a mi compañía telefónica. Me atendió un representante muy amable.
-¿Cómo puedo ayudarla el día de hoy?
-Yo quisiera saber si tengo un plan que me permite hacer llamadas internacionales porque no puedo comunicarme con Cuba.
-Sí señora, su plan le permite llamar a cualquier parte del planeta, el problema es que Cuba...
¿Ya no está en el planeta?, pensé.
-Cuba ha bloqueado el acceso a todos los números nuevos de celulares que comienzan con 53. No hay cobertura y tampoco se pueden enviar mensajes de texto, hay que esperar.
El asunto me sonó a póngase usted a bailar con Willy Chirino.
El juguete nuevo ha quedado reducido a la contemplación absoluta; y la comunicación con la familia a anónimos timbrazos. “Milagrosamente” ellos sí pueden llamarme pagando desorbitadas tarifas insulares. Así que hemos decidido establecer un sistema de contraseñas, como los mismísimos Neandertales.
-Si te damos solo seis timbrazos es para que sepan que to-dos-es-ta-mos-bien, si es algo urgente insistiremos para que contestes. Y por favor mijita, avísanos antes de llamar para subir al campanario de la Iglesia a ver si este aparato coge señal allá arriba.

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