El BipBip en Copacabana es un lugar mágico. Cuentan que su dueño Alfredo Melo, inauguró este local allá por los años sesenta. Desde entonces cada noche el repertorio musical varía y músicos y público terminan descargando juntos. Cuando por momentos la gente se ponía demasiado alegre y conversadora Alfredinho montaba en cólera y disparaba una arenga sobre el respeto al artista.
Quise pagar por una cerveza pero el chico a cargo me explicó que al final pagabas por lo que habías consumido a Alfredinho. Algunos pasaban diciéndole por cuantas iban y él anotaba en una libreta que parecía un jeroglífico. Realmente creo que no anotaba nada, porque Alfredinho sabe muy bien que nadie se va a ir sin pagar lo que debe. Del BipBip todos salen felices, el secreto es la música.
Alfredinho viste muy formal, en la solapa del traje gris de cuadros lleva un lazo rosado, por el cáncer de seno. Al final de la noche todos quieren saludarlo, escuchar su historia, despedirse, la foto con Alfredinho y allá voy yo también. Cuántos cubanos lo habrá saludado, pero igual se emociona y comienza a hablarme de la música cubana, de Compay Segundo. Y ahí viene la pregunta de nuevo.
-¿Vives en Río?
-No, vivo en Miami.
Se insultó, se insultó Alfredinho como si le hubiese recordado una vieja deuda pendiente. Me dejó con la palabra en la boca y se fue a conversar con otros. El muchacho que servía las cervezas se me acercó, todo cómplice, y me dijo bajito, para que Alfredinho no lo escuchara.
-Creo que debías haberte reservado esa parte, él se quedó en los sesenta.
Tengo esperanza. El mundo no se ha detenido con Alfredinho.


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