Había terminado de almorzar unos deliciosos chivitos con Anet, amiga cubana con quien me encontraba después de 10 años en Montevideo y caminábamos por la avenida 18 de julio cuando Anet me dijo.
-Mira a Pepe.
Se refería a él como si se tratara de un viejo conocido; y debe haber visto mi cara de ¿quién es Pepe? cuando me aclaró sin necesidad de preguntarle.
-Mujica, el presidente.
Efectivamente, el presidente de Uruguay estaba allí, en el restaurante La Pasiva, al aire libre, comiendo unos tallarines rojos. Sin pensarlo dos veces me acerqué, temiendo que alguien saldría a mi paso para impedirlo. No recuerdo que le dije por saludo y presentación, pero debo haberle mencionado que éramos cubanas porque al extenderme la mano comenzó inmediatamente a alabar a Cuba. Su emoción duró poco, duró justo hasta que le respondí su pregunta.
-¿Y tú dónde vives?
-En Miami.
Si antes no pareció sorprendido y mucho menos molesto por la intromisión de un par de cubanas en medio de su almuerzo, inmediatamente comenzó a incomodarle nuestra presencia.
-Los cubanos de Miami son todos de ultra derecha. ¿Tú también?
Por respuesta le comenté, que viví en Cuba por 27 años y que nunca me encontré al presidente en la calle. Intenté explicarle que si viviera en Cuba las posibilidades de que estuviéramos conversando con él en ese momento serían nulas.
Mujica gastó algún chiste con David, el hijo pequeño de mi amiga. Nos despedimos, y reanudamos la caminata y conversación.
Debí haberle respondido con sus propias palabras, en nuestro país, "el gobierno debería representar el bien común, la justicia y la equidad" y precisamente, por no haberlo hecho nunca, el hijo de Anet y Roly nació en Uruguay y yo vivo en Miami.

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