Sentido común

No es que esta única forma de estar viva, la locura, me haya dado por leer los discursos de Fidel. Solo los abro y uso, paradójicamente, (Comando (⌘) + F).

En el discurso del 1ro. de enero de 1959, repitió 19 veces la palabra poder.

«El poder no me interesa, ni pienso ocuparlo».

El 15 de febrero ya se le había olvidado que no le interesaba, y lo ocupa. Y dos años después decidió que no se volverían a celebrar elecciones tradicionales.

Estuvo en el poder 49 años de manera ininterrumpida.

Creo que todo el que salió volando de allí, rápido, o se viró con ficha, no fue por visión, ni por inteligencia, sencillamente, sentido común. Dicen que es el menos común de los sentidos.



La efervescencia no es solo una sensación física en la lengua, sino un impacto directo en cómo el cerebro procesa el placer.


Chacalismo y no chandalismo


Cambió el verde olivo de Panchita Isbert por el ala de la diosa griega, “Swoosh” de Nike. 

Cambió el rombo rojo y negro, la estrella y las ramas de olivo, que le bordaba “Dinorah” por el diamante doble de los hermanos británicos. El diamante rojo de Harold y el diamante negro de Wallace. Humprey Brothers, Umbro. ¿Bandera o resguardo? Elegguá, orisha que también cierra los caminos. 

Cambió la rigidez de las botas y de las “Stiffened Fatigue Cap” por deportivas yanquis. 

Dicen que tenía sus favoritas. Las de los hermanos Dassler de Baviera y cambió los galones por las tres rayas de la Adidas de Adolf y por el Puma de Rudolf. 

La historia de los hermanos Dassler es conocida. Se convirtieron en enemigos de por vida, cuando Rudolf se unió a los nazis y Adolf no. 

La historia de los hermanos Castros también es conocida. Sesenta y siete años en el poder y se convirtieron en los enemigos de toda una nación.



Mi padre


Lo primero que descubrí fue su infancia, en una caja llena de medallas del Colegio de Belén. Luego algunos poemas y muchos libros de matemáticas, los vinilos de Serrat, y sus cámaras fotográficas. Fueron un montón de fotos grises las que me contaron que le había dado la vuelta al mundo. En el Canal de Panamá, al barco le faltaba un pedazo de la proa. Muchos marineros que se hacían los duros fueron los primeros en abandonar, me contó. 

De joven tuvo en sus manos la visa Waiver, pero no quiso abandonar a sus padres, a sus abuelos... y se quedó.

Crecimos y un día, valga la redundancia, le reclamamos.

-¿Por qué no te vas tú primero y nos reclamas?

-Porque el capitán del barco es el último que “abandona”.  

Y fue de su boca a los oídos de Dios porque así sucedió. Mis padres fueron los últimos en llegar a Miami. 

Peleas y gritos entre hermanos y sus formas raras de regañarnos, “en las artes marciales el grito paraliza al enemigo”. Y nuestras bromas burlonas ¡Sí mi capitán! Con la mano derecha a la sien. Y de nuevo él, “si hay algo que no soporto del cubano es el choteo constante”. ¡Cómo te entiendo hoy, padre!

Pero en aquel momento yo quería un padre que se parara en la puerta de la calle y que me chiflara; y que yo lo escuchara donde quiera que estuviera, sabiendo que eso significaba que tenía que regresar a casa, pero tú no sabías hacer eso.

Y llegaron las despedidas de los ochentas, de las que siempre regresaba llorando, como un niño, o como un hombre que llora. La vez anterior fue de rabia. Lo habían botado de la marina mercante. Se negó a negar su fe. No era de confianza. Y sobró.

Volvió a comenzar, esta vez paleando cemento. Con Capital Mixto, renombraron a René Arcay, la fábrica de cemento de Mariel. Se hizo ingeniero eléctrico. Un día quise imitarlo, y al siguiente me entristeció decepcionarlo, pero él me entendió. 

Terminó computarizado el proceso de producción del cemento y eso le permitió traer cada día a casa, en una latica, la proteína de su almuerzo para mis dos hermanos menores.

Después vino aquel engendro de la beca. Las reuniones de padres. Mi madre no podía ir siempre porque mis hermanos menores eran muy pequeños.  Yo que ni a la recreación bajaba, ¡tenía que ser combativa! ¡Ay, qué rabia me daba! 

-¿Por qué cojones no me defendiste?

-“No hay nada más horrible que una mujer mal hablada”. 


Y mi duda cobarde. Creo que es mejor ser como todos.


-Navegar en dos aguas parece fácil, pero en realidad es más difícil y peligroso. 


1994, el Mariel. Voy a buscar un bote, o mejor dicho, el bote.


- En el mar no hay embarcación segura.

-Y en esta isla menos.


Tres años después me fui de Cuba a Perú y dejé de verlo cada día, para empezar a extrañarlo cada día.


Nunca quiso ceder a la presión de alterar datos de la producción para justificar desfalcos ajenos. Y el portal de los Portales también se caía a pedazos. Yo quería un padre que supiera robar, pero tú no sabías. Y más bromas. 


-A una de las torres le van a poner tu nombre, y a uno de los silos tu apellido. 


Y el puñetazo en la mesa, y un día el stroke en la fábrica. Y luego el retiro, "peritaje médico laboral" le decían y luego Miami, y hoy un home, que te apaga, lejos.